Entradas de agosto, 2006

Tortuguero II y Cahuita

26-08-2006, 18:20, sábado. Cabinas Spencer´s Seaside. Cahuita.

Por fin hemos llegado a Cahuita, quizás nuestro destino más ansiosamente esperado por Ixo y por mí.

Pero antes el día de ayer, viernes. Nos levantamos y quedamos a las 6:30 con Don Chico. Nos montamos en un pequeño, alargado y azul bote que ‘Chico’, como le saludan al pasar, maneja con destreza y maestría, son muchos años. Chico resulta ser un guía un tanto reservado, explica su falta de explicaciones y charlas didácticas, argumentando que no quiere molestar al turista que desea integrarse en la naturaleza.

Tortuguero

La verdad es que cuando introduce la barca en los pequeños recodos de los canales y uno se adentra y se ve rodeado de selva por los 4 costados, la integración se consigue. El silencio con el que nos movemos por los canales hace que sea más patente el crepitar de la selva con sus insectos y los inesperados ruidos de algún animal sorprendido, huidizo o sin más, juguetón. De vez en cuando Chico hace una pausa en el silencio y en voz baja nos transmite algún conocimiento o nos señala un animalillo. Informaciones peculiares y curiosas sobre la omnipresente Palma Real, usada para los tejados hasta hace poco o los árboles Sangría, cuya sabia de color rojo usaban los indígenas para dibujar y tatuarse.

Un caiman en los canales de Tortuguero

También veremos un pequeño caimán, varias garzas tigre que canturrean, loras, garzas de varios tipos que no recuerdo, tucanes multicolores, 2 tortugas de agua dulce que estiran el cuello al sol cerca de donde aparece una nutria resbaladiza, un pavo negro, y varios monos araña y aulladores que de vez en cuando se suelen oír a lo lejos. El itinerario contempla varios canales naturales y una parte del caño Harold, canal artificial usado para transportar madera y en cuya construcción participó el propio Chico. Después de un agradable divagar de 3 horas y pico, Chico amarra el bote, le da la vuelta y nos despedimos con un apretón de manos.

El resto del día nos lo pasamos descansando, leyendo, jugando a cartas, paseando por Tortuguero y viendo a los niños y adolescentes jugar al fútbol. Como no, descalzos y en un césped que causaría envidia a más de una vaca.

Jugando al futbol en Tortuguero

El día está lluvioso y empieza una tormenta sobre las 6 que se mantendrá hasta hoy por lo menos. Nos hemos apuntado a las visitas a las tortugas, la otra gran actividad junto con los canales del Parque Nacional de esta mañana. Hay un sistema de sorteo entre los guías y nos ha tocado de 10 a 12 de la noche.

Cartel en Tortuguero

Nos cenamos unas sabrosas chuletas en Miss Miriam y empezamos a probar la comida caribeña con sus salsas de coco.

Sigue lloviendo cuando el guía Don Emilio nos recoge en la Casona. Caminamos un buen rato para llegar a la zona que nos ha tocado. Varios oteadores vigilan las playas y señalan a las tortugas que se adentran en la arena de la playa, todo en la oscuridad. Las tortugas desovan cada 3 o 4 años siempre en esta zona, si es que han nacido aquí. Se reúnen en el mar, enfrente de la playa y copulan durante 3 meses (julio a septiembre). En ese periodo las hembras depositan sus huevos en la arena unas 4 o 5 veces. Cada vez ponen cerca de 100 huevos. A los 60 o 70 días las crías nacen, salen a la superficie de la arena y van hasta el mar. Sobrevive un 1 %. El proceso del desove contempla varias fases: primero la tortuga (verde, es el tipo de tortuga) excava un hueco en la arena donde se mete. Después hace otro agujero más profundo donde deposita los huevos. Finalmente tapa el agujero y vuelve al mar. Solo se puede ver a la tortuga cuando ya ha iniciado la puesta de los huevos, ya que de otra forma se vuelve al mar. Como les molestan las luces, la excursión por la playa se hace en la oscuridad, acentuada por el apagón que ha sufrido Tortuguero. Los guías utilizan unas linternas de luz roja para que veamos, por turnos, como caen los blancos y gelatinosos huevos en el agujero en la arena. Todo esto nos lo cuenta Don Emilio, que ha traído cariñosamente a su mujer y a su hijo aprendiz Felix. De vuelta al oscuro, por el apagón, Miss Miriam y a dormir.

Hoy hemos cogido una barca que nos ha llevado a Moín, cerca de Puerto Limón, por 20 $. El recorrido es a través de varios ríos y canales naturales y artificiales que discurren paralelos a la costa. El trayecto de dos horas podía haber sido muy agradable, ya que el paisaje es bello y cambiante. Sin embargo la tormenta de ayer sigue y en ocasiones el agua traspasa el poncho. A pesar de todo ha sido entretenido y hemos disfrutado de la aventura y de los cauces selváticos, pantanosos o de sabana. Una vez en el puerto de Moín un urbano nos ha llevado a la estación de bus de Puerto Limón. Allí hemos cogido otro autobús que nos llevó hasta Cahuita. Nos ha tocado ir de pie durante el viaje de 1 hora, pero ha sido divertido. La gente parecía de buen humor y a ello contribuían las caribeñas canciones que sonaban en el hilo musical. Además mientras esperábamos a salir nos hemos comprado dos helados de leche agria y de piña. Su contenidos va en pequeñas bolsas alargadas que el consumidor rompe en una esquina por la cual absorbe el refrescante líquido. Una vez en Cahuita hemos encontrado fácilmente estas cabinas, recomendadas por Manex y los catalanes que encontramos en Montezuma. El sitio está muy bien, hemos cogido una habitación por 25 $ bastante espaciosa, forrada en madera y con un balconcito con hamaca y sillas donde hemos continuado una empatada partida de chinchón.

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Cahuita II

27-08-2006, Domingo 21:25. Spencer´s Seaside. Cahuita.

Hoy después de recoger la ropa calentita de la lavandería, hemos ido al Parque Nacional de Cahuita. La entrada es la voluntad. Antes de entrar hemos comprado unas gafas de bucear y un mango, una manzana y piña, ya cortada y en rodajas. Hemos seguido un sendero paralelo a la playa dentro de la selva, recordaba a Manuel Antonio. Al cabo de 3,5 kms hemos llegado a Punta Cahuita, donde nos hemos tomado la jugosa piña. Esta punta es donde recalan las pequeñas barcas que llevan a los turistas a bucear al arrecife vivo más grande de Costa Rica. El arrecife está delante del Parque Nacional y desde esta punta se puede llegar nadando, no cubre más de 2 metros, hasta la zona donde las barcas fondean para descargar a los buceadores. Al principio hemos estado chapoteando por la orilla pero al cabo de un rato, viendo el ejemplo de otros buceadores, me he decidido a ir hasta donde paraban las barcas, a unos 200 metros de la orilla.

Snorkel en Cahuita

La sorpresa ha sido mayúsculamente grata. De repente, al llegar al punto en cuestión, aparece un universo que hasta ahora solo había visto en los documentales de la 2. Los corales, de formas ahuevadas y rojizos, otros blancos y con curiosas texturas, albergan infinidad de peces. Hay bancos de muchísimos peces que ondulan casi pegados al coral. Los hay de muchos tipos y colores, algunas veces los bancos albergan invitados diferentes. También hay de muchos tamaños. Los más grandes de unos 60 cm de longitud van en solitario o a veces en grupos reducidos. El más llamativo de todos es uno bien grande que es completamente azul, de un azul ultramar oscuro a motas y de un azul muy intenso. Me he pasado un buen rato viéndole pegar bocados a una especie de coral o de algas. Como las gafas no me ajustaban bien e Ixo esperaba en la orilla no he estado todo el tiempo que me gustaría. Luego le ha tocado el turno a Ixo, que también ha flipado. Al final hemos estado un buen rato en Punta Cahuita. No es más que 30 o 40 metros de playita rodeado de palmeras al borde de la jungla pero ha sido un sitio para estar muy tranquilo.

Perezoso en Cahuita

En el camino de vuelta hemos visto un perezoso, muchas arañas grandes, varios monos aulladores, en el mismo camino, y muchos ríos de hormigas que almacenan hojitas.

Araña en Cahuita

La excursión nos ha llevado casi todo el día y de vuelta al hotel justo para comer/cenar en Miss Edith. Un pollo al coco y un pargo en salsa de cacahuete que picaba que se mataba. Esto precedido por unas patatas al ajillo. Después un par de cervezas en el Coco´s Bar. Sentados en la terraza de madera disfrutamos de las escenas que vemos y del ambiente caribeño que se respira por aquí. Inevitablemente nos acordamos del anuncio de ‘Me estás esteresaaaaaando …..’ Más tarde nos hemos balanceado bajo las palmeras y las estrellas, arrumados por las olas, en la hamaca del jardín del hotelillo.

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Cahuita III

30-08-2006. Miércoles. 9:12 AM. Spencer´s Seaside, Cahuita.

Han sido dos días de relajo y placer. Ayer por la noche todavía pensábamos si quedarnos otro día más. Se está muy a gusto y ahora por la mañana estamos sacándole el último jugo a este sitio tan relajante.

El pequeño embarcadero del Spencer´s Seaside en Cahuita

El lunes 28 desayunamos en el café del parquecito un sandwich y una omelette de bacon y cebolla, nos esperaba un día duro. Queríamos ir a Puerto Viejo a comprar un libro y alguna cosilla más. Alquilamos unas bicis por 5 $ en Mister Big J. Para frenar estas bicis hay que pedalear en sentido contrario. Los 18 kms que nos separan de P.V. los hicimos en una hora. El último tercio del tramo, sin asfaltar, fue el más duro, por los baches y continuos saltitos. Nuestro culo sufrió de lo lindo. Durante el camino casas pobres de madera y techo de onduline metalizado y oxidado, con sonrientes gentes que te saludan al pasar. Por la carretera gente de todo tipo: colegiales, madres jovencísimas, indígenas en bici, rastas cochambrosos y delgadísimos …. Una vez en PV constato que es imposible comprar un libro en castellano en toda esta zona. Más tarde cogeré prestado en el hotel uno de Mario Benedetti, ‘La tregua’, desesperanzador diario que acabo de devolver al estilizado recepcionista. Tras una rápida vuelta por el pueblo y ver la famosa ‘Salsa Brava’ (hoy no tan brava) nos volvemos por miedo a que empiece a hacer demasiado calor. Y así es. Esta vez tardamos 2 sudadas horas, con parada en soda incluida. Llegamos derrotados por el esfuerzo bajo un sol abrasador y por nuestros doloridos culos.

Una calle de Cahuita

Ese día comimos pasta al coco y un casado con pargo. Casi hemos estado ya en todos los restaurantes y sodas de Cahuita. Más tarde nos vamos a la Playa Negra, al norte del pueblo. Nos damos un buen baño, con guerra de arena sobre las piernas. Devolvemos las bicis y desde las hamacas del Spencer´s nos arrullamos con la puesta de sol. El atlético tiburón que lleva a los turistas en barca ha hecho una hoguera en el pequeño malecón del jardín. Los niños se tiran al agua y juegan a aguantar la venida de las olas, abrazados en grupo sobre los escollos. Más tarde cenaremos pasta con marisco y con camarones. Después de una ácida caipirinha en el Coco´s Bar a dormir.

Ayer. Martes 29, volvimos a Punta Cahuita a bucear, esta vez con dos equipos. No llevamos nada, solo las gafas, una toalla y una bolsa de piña comprada a la entrada del parque.

Una playa en Punta Cahuita

Nos dimos cuenta de que la mejor forma para andar por la selva es ir descalzo. Es mucho más agradable, el suelo es blandito, a veces con barro y otras arenoso por la proximidad del mar. Eso si, cuidado de no pisar las hormigas, que pican bravo. Según llegamos a Punta Cahuita me como una jugosa rodaja de piña. Resulta que hay una cuadrilla de monos carablanca entreteniendo a los turistas. Algunos monos se fijan en mí y se me acercan a un metro más o menos. Me doy cuenta de que mi atractivo reside en la rodaja de piña que mordisqueo. Más que en mí, se fijan en la piña. Yo aprovecho la situación para disfrutar de las monadas a corta distancia. Pero de pronto el mono se aleja hacia donde había dejado la bolsa de plástico con nuestras cosas, incluido el resto de la piña. Allí ya están el resto de compinches y una agitada Ixone que lucha por defender nuestro almuerzo y equipos. Para cuando llego ya es demasiado tarde. El trabajo en equipo ha surtido efecto y los monos han cobrado su recompensa: 3 hermosas rodajas de piña. Con el premio sosteniéndolo en alto huyen por las ramas hasta una altura fuera de nuestros brazos pero no de nuestra mirada. Lo que sigue es un festín orgiástico donde a dos manos mordisquean y chuperretean la fruta en una exhibición impúdica de cómo comportarse en una mesa. Mi impotencia se ve ampliamente rebasada por lo gozoso del espectáculo. Se ve que les ha gustado, se chupan los dedos de las manos, de los pies y de cualquier parte del cuerpo que ha quedado manchada por el refrescante jugo. Después de esto viene el buceo, esta vez los dos juntitos y disfrutando doblemente de los corales e infinidad de peces que vemos.

Monos en Cahuita

Más tarde volvemos con algún chapuzón de camino. Comemos un pollo frito en la estación de bus para coger el bus a Puerto Viejo. Queremos verlo más a fondo, ya que el lunes estuvimos muy poco. El viaje solo merece la pena por la agradable y romántica hora que pasamos en un pantalán.

Puerto Viejo

Tumbados nos masajeamos y acariciamos bajo una incipiente puesta de sol. ¡Qué agradable! Después de varias vueltas constatamos que Cahuita es nuestro preferido. PV está demasiado turistificado, resulta un poco agresivo, y no solo por los vendedores de marihuana que cada 3 metros te asaltan. De vuelta en el Spencer´s como Ixo está cansada, salgo a comprar comida para llevar: 2 casados con pechugas de pollo a la mantequilla que nos saben riquísimos.

Las hamacas del Spencers

Esa noche nos tiramos un buen rato en las hamacas, aprovechando la última noche aquí. Esta mañana nos levantamos a las 7, hemos ido a desayunar frutas con yogur y paneque y aquí estamos pasando nuestras últimas horas en Spencer´s Seaside, muy tranquilitos. Quien sabe, igual volvemos.

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Manzanillo, Sixaola y Bocas del Toro

31-08-2006, Jueves, 22:30 (hora Panamá) Hotel Las Brisas, Bocas del Toro. Panamá.

Ayer cogimos el bus de las 11:15 a Manzanillo, que naturalmente salió a las 11:30. La llegada al pueblo estuvo bien. Nos encontramos con una playa caribeña típica enmarcada en un bonito paisaje, con Punta Cahuita al fondo. No hay muchas posibilidades de alojamiento. Nos decantamos por cabinas Maxi´s que es lo único que parece dar ambiente al pueblo. Tras un breve paseito por la playa, comemos, como no en Maxi´s. Pido un ceviche, que por increíble que parezca aún no había probado. Se trata al fin y al cabo de un salpicón de marisco. Ixone come un pargo que por primera vez no viene bien refrito.

El Maxi´s de Manzanillo

Después a bucear. El coral está a unos 30 metros de la orilla de la playa. Aquí veremos más variedad de corales, erizos, pero menos cantidad de peces. El agua es muy transparente, e impresiona mucho cuando al terminar el coral, aparece la profundidad azul del mar más abierto y profundo. Damos un paseíto por la carretera de acceso al pueblo, que viene de Punta Uva y Cocles. Realmente no hay mucho ambiente. Es un pueblo sin turistas, la gente parece hacer su vida normal al margen de los guiris.

Manzanillo

Pero como está muy poco poblado y es muy pequeño no da mucho juego. Aunque si te quieres perder éste es un buen sitio. Tampoco se pueden alquilar bicis y eso termina con que nos decidamos a irnos al día siguiente. Cenamos un par de langostas, aunque como Ixo no estaba bien, no las pudo disfrutar.

Hoy cogimos bus a las 8:30 a Puerto Viejo. De allí otro bus a Sixaola, pasando por Bribri, donde compramos un refresco de Tamarindo en bolsita de plástico.

La estacion de bus de Bribri

En Sixaola pasamos la frontera y compartimos taxi hasta la Finca 40, desde donde embarcaremos a Bocas del Toro. Para que nos salga más barato el taxi compartimos con una pareja israelita y una holandesa que lleva 2 meses de vacaciones recorriendo toda América Central. La lancha nos lleva por canales, ríos y mar hasta el acuático pueblo de Bocas del Toro. Aquí un chaval nos guía hasta el Casba, recomendado por Manex. Al final nos quedamos casi al lado, en este agradable sitio con embarcadero con hamacas, mecedoras y una cama elástica en el agua, lista para dar unos botes (que es lo que hacemos).

Bocas

Nos damos una vuelta por el pueblo para recopilar información sobre los tours para mañana. Luego alquilamos unas bicis por 1 hora. Nos da tiempo para ver el pueblo, con sus calles menos presentables y una escuela con los niños ensayando una especie de tamboreada, mientras las niñas siguen el ritmo con un baile casto y caribeño al mismo tiempo.

La tamborrada en Bocas

También abarcamos la bahía a la que da el embarcadero del hotel. Cenamos en una hamburguesería baratita enfrente del poco iluminado parque central. Después a escribir este diario, Ixone en una hamaca y yo a su lado en una mecedora.

Como Ixo tarda tanto en escribir me he acordado de lo que hemos comido hoy. Ixo una lasaña y yo una ensalada con tacos de un pescado con una salsa SUPER picante: la ‘killing me man sauce’.

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