Entradas de agosto, 2009

Ploumanach, Treguier, Paimpol, Brehec.

Tras el desayuno aparcamos en Ploumanach y damos un paseo por lo que parece ser la zona más típica de la Costa del Granito Rosa, más bien de color salmón.

Enormes piedras de formas surrealistas que bien pudieron inspirar a los neandertales.

Un paseo largo de casi dos horas cerca del faro entre piedra y piedra. Más tarde me compro el típico jersey de lana azul a rayas blancas que vestiré como recuerdo del viaje. Después de una paradita para ver la bahía desde Perros-Guirec paramos en Treguier. Comemos al lado de la ría, que está bajísima, por lo menos calculo que puede subir hasta 4 metros más. En un periquete hemos cocinado las pechugas de pavo y los tomates caros y siesteamos al sol un rato.

Después un café en la plaza de la catedral, visita a la misma y callejeo por las 4 calles interesantes. Próxima parada en Paimpol, puertecito muy cuidado con buen surtido de crepperies y todo tipo de tiendas floreadas. Hay un mercado medieval e Ixo se compra un tampón para hacer tatuajes de un karramarro. Unos pocos Km al sur paramos en las ruinas de la Abadía de Beauport que tiene buena pinta por fuera y que no vemos por dentro debido a los 5 € que cuesta entrar.

Bajamos por la D786 y en Lanloup compro unas sardinas para cenar. También nos acercamos al Maisor La Noe-Vert, una casa mansión de campo en la que casualmente se celebra el banquete de una boda.

Con nuestra discreción característica tratamos de no molestar y nos dedicamos a fotografiar un par de pavos reales que asoman por un murete.

Buscando un sitio para cenar y dormir llegamos a Brehec, un agradable, tranquilo y pequeño pueblo costero. Sobre el mismo hay un acantilado al borde del cual aparcamos. Cenamos oyendo música que se está tocando en el pueblo. Cuando terminamos de cenar bajamos a ver el ambiente. Una banda toca en uno de los pocos bares del pueblo frente a la playa. La marea está muy alta, casi se sale el agua a la carretera. Nos sentamos en el puerto a oir la música y ver como poco a poco va bajando la marea. Mientras tanto esos momentos se graban en la memoria. Después, de vuelta al acantilado a dormir.

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St Brieuc, Quintin, Guimgamp.

Desayunamos en el acantilado sobre Brehec y bajamos por la costa hasta St Brieuc.

No parece una ciudad con demasiado encanto. Sin embargo paseamos muy a gusto por el mercado que lo invade todo y salva la visita a la ciudad. También el galette con salchicha que me zampo en uno de los numerosos chiringitomoviles que hay en el mercado.

Buscamos un sitio para comer moules y una botellita de sidra bretona bien fresquita. Lo encontramos sobre una playita cerca de la zona industrial y portuaria donde desemboca la ría.

A continuación encontramos un hotelito en la zona sur, el Blue Hotel, para descansar un buen rato. Cuando me he cansado de descansar le dejo en la habitación a Ixo, que sigue descansando, y hago una visita rápida a Quintin. Pueblecito con encanto, un poco solitario a las 7 de la tarde de un sábado en Agosto. A la salida del pueblo veo un menhir bastante grande que parece recién puesto por Obelix.

Recojo en el hotel a Ixo y nos vamos de excursión a Guimgamp, que también está bastante solitario. Cellejeamos y al atardecer nos comemos un par de galettes con sidra al lado de la catedral, en la Crepperie de la Duquesa Anne. Vuelta a St Brieuc y a dormir.

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Dinan, St Malo.

Hoy visitamos Dinan, destino turístico típico. Su casco viejo es una delicia y tiene 1001 rincones por los que pasear.

Las típicas casas con entramados de madera y plantas más grandes a medida que cogen altura. Damos varias vueltas por las calles hasta que bajamos por una que lleva hasta el puertito en el río.

Allí se alinean decenas de artistas y sus obras, la gran mayoría malísimas a rabiar. De todas formas el recorrido es pintoresco, aunque la subida de vuelta cueste lo suyo. Recorremos las murallas y nos tumbamos un ratito en la campa detrás de la catedral.

Más tarde entramos y nos dejamos engatusar por el estruendo sublime del organista ensayando. Camino de St Malo buscamos una campita para comer y descansar.

Llegamos a St Malo en medio de un tráfico lento y pesado y tardamos una media hora en aparcar. La ciudad está superanimada y repleta de gente.

En la playa, en la calle, en las murallas, en las terrazas, viendo a los malabaristas callejeros … La vuelta a la muralla nos lleva más de una hora y descansamos en una terracita al lado de un guitarrista.

Después de callejear un buen rato y bastante cansados de tanto trajín en este día nos vamos. Encontramos una campita para dormir cerca de La Guimorais. Antes cenaremos en la playita de Les Chevrets viendo la puesta de sol y saboreando el rochefort.

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Cancale, St Suliac, Rennes, St Michel.

Mientras Ixo se levanta doy un largo paseo matutino por la playa y la punta de Meinga.

Me pierdo un poco y paseo se alarga más de la cuenta, pero ha estado bien. Bajamos por la costa Esmeralda, parando en la punta de Grouin, hasta Cancale, cuyo puerto vemos desde el coche.

Si paramos en St Suliac, pueblecito hiper tranquilo con puerto calmado y casas con redes en las fachadas.

Llegamos a Rennes y tras un par de vueltas por las calles y plazas más llenas de terracitas nos sentamos en una a tomar un par de galettes con su sidra correspondiente.

Al contrario que otras veces este galette nos deja bastante entallados.

Después de comer, un poco asobinados, vamos a comprar una camiseta a un H&M. Con la suerte de que al ir a pagar me voy a bajar por las escaleras mecánicas y al retroceder me caigo sonoramente. Como resultado se me rompe el filtro de la D50, que podía haber sido peor. Buscamos una tienda de foto, me compro el filtro e Ixo pasa su CF a un USB. Después, en la plaza de Maris, nos sentamos un buen rato en unas tumbonas colocadas parece ser para que la gente se relaje, con tisana incluida. Será obra de algún artista?

Nos vamos de Rennes, nos ha gustado pisar una ciudad un poco más grande de lo que hemos visto hasta ahora.

Vamos a Le Mont St Michel y llegamos en medio de una lluvia constante que por suerte termina parando poco a poco. Aparcamos en la carretera de acceso y cenamos unos nuddles con verduras. Más tarde, ya anochecido, decidimos dar un paseo y ver Le Mont St Michel de noche.

Resulta ser una gran idea. El paseo por las calles tiene más encanto y misterio, algo fantasmagórico y muy escenográfico con tanta luz y foco. Llegamos a la abadía y tras pensarlo nos animamos a visitarla de noche. Otra gran idea, la visita nocturna, aparte de tranquilidad y poco visitantes, ofrece pequeños conciertos en varias de las salas.

La acústica de las salas, sus silencios y las luces bien situadas hacen que sea una experiencia memorable y altamente recomendable.

Son casi las 12 cuando terminamos la visita y exhaustos nos vamos a dormir.

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Mont St Michel, Hoc, Omaha Beach.

A las 8 estoy en pie y me acerco hasta el islote a dar un paseo, he quedado con Ixo a las 10.

De día la magia es diferente a la de ayer noche. A estas horas estamos unos pocos turistas que hacen tranquilo y relajado el callejeo. Recorro todos los rincones posibles descubriendo vistas y espacios encantadores.

De nuevo en la puerta de la abadía, me intrigan algunas vistas que ayer de noche no pude ver. Pago de nuevo los 8,50 € y tras 15 minutos de cola inicio de nuevo el recorrido de la abadía y la Maravilla. Esta vez el recorrido es muy distinto, dejando sin ver muchos espacios interiores de la visita nocturna, pero viendo otros exteriores que ayer no vimos.

La visita es también interesante aunque carece del encanto nocturno y del sonido de los concertistas. Al salir observo que la marea sube rápidamente, creando corrientes de agua, al parecer, según he leído, a unos 64 metros por minuto sube el agua por estos lares.

Nos vamos de este maravilloso lugar que se ha ganado a pulso su fama. Paramos en Avranches a recoger información sobre Normandía. Decidimos ir directos hacia la zona del Desembarco. Paramos en St Lo a comprar comida y comemos al lado de un río cerca de Neuilly.

Más tarde paramos en la punta de Hoc, donde se ven los restos de varios búnkers y los efectos de bombardeos sobre el terreno. Después seguimos hasta Vierville sur Mer, en la zona de Omaha Beach. Doy un largo paseo por la playa. Después cenamos al lado de un búnker alemán que conserva el cañón, y a dormir.

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Cementerio americano, Arromanches.

Tras el paseito matutino por las colinas de Omaha Beach desayuno con Ixone, que ya se ha despertado. Nos acercamos hasta el cementerio sobre las 9:15, lleva solo 15 minutos abierto y ya hay gente.

Vemos los mapas militares en forma de mural en las paredes del Memorial y después paseamos por el perfecto césped donde se alinean las casi 10.000 tumbas.

Después vemos el museo que resulta interesante y al final estamos hasta las 12. Nos acercamos hasta Bayeaux para que Ixo se coma un pinchito con pan caliente. Después visitamos los búnkers intactos que hay en Longues sur Mer. Después paramos en un airé cerca de Vaux. Comemos, nos duchamos y después a descansar y a leer un rato.

A continuación volvemos a Bayeaux a un supermercado a comprar bueyes de mar, que serán nuestra cena. Vamos hasta Arromanches a ver el puerto artificial construido para el desembarco, que es impresionante por sus dimensiones, por la rapidez con la que fue construido y por el ingenio utilizado.

Algún bloque ha llegado hasta la orilla y nos pasamos un buen rato haciendo fotos en la playa. Atardece y cenamos en una zona de picnic en Le Hamel. Para dormir volvemos a un parking de Arromanches que da al mar sobre un acantilado.

Hay varias autocaravanas pero se está la mar de tranquilo frente al mar con el portón abierto. Y se hace de noche mirando al mar y las luces de los faros parpadean.

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Caen.

Desayunamos en el acantilado de Arromanches y vamos directos a Caen. Allí visitamos el Memorial (16,5 €) que nos lleva toda la mañana.

A destacar una proyección del Desembarco de media hora con imágenes de la época que resulta impactante. El Museo es amplio y tiene mucha información que cuesta tiempo digerir. Se utilizan todo tipo de medios, audiovisuales, maquetas, reconstrucciones, muestra de objetos de todo tipo. Es muy interesante y detalla con bastante riqueza los diferentes episodios de la II Guerra Mundial. Llega la hora de comer y en un parque cercano al museo organizamos un picnic rápido con alubia verde y lasaña. Después a descansar y a escribir mientras paladeo un Calvados, brandy de manzana.

Terminamos de ver el museo, que muestra también la evolución de la Guerra Fría y sus amenazas nucleares. También las guerras de Corea y Vietnam, así como otros conflictos de la segunda mitad del siglo XX. La verdad es que el Museo es demasiado extenso para un solo día y ya por la tarde pasamos las últimas salas a todo correr.

Vamos al centro de Caen y paseamos por las calles más comerciales. Entramos en un Fnac a comprar tarjetas de memoria para la cámara. En una agradable plaza nos tomamos un café y una caña. Después nos comemos un kebab de pollo a medias. Para ser un jueves por la tarde-noche la ciudad está animada, vemos calles llenas de bares y terrazas con gente joven, guapa y muy preparada para salir. Tomamos la autopista y dormimos en un airé cerca de Beuzeville, dejando ya la región de Calvados.

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Le Havre, Etretat, Rouen.

Tras pasar el elegante y largo puente de Normandía llegamos a Le Havre. Un homenaje y un canto al hormigón armado, según la guía, que esta vez acierta de pleno. Tras recorrer varias calles con el coche, vamos directos a la Iglesia de St Joseph.

La entrada es alucinante, en unos pocos pasos al entrar a la iglesia se contempla su dimensión, y uno se rinde al efecto del inmenso espacio que se eleva hacia el cielo, plagado de colores y efectos lumínicos. Es una estructura sencilla pero rotunda que sabe utilizar las luces, transparencias y proyecciones de color para producir el efecto deseado de casa de Dios. Por otra parte también tiene algo de galáctico y de serie de ciencia ficción de postguerra. Al mirar hacia arriba uno bien podría estar viendo las entrañas de una nave espacial nodriza.

Tras la impresión memorable de esta iglesia, recorremos las calles con edificios modulares del centro. Paramos un momento en la playa a ver a los kitesurfistas.

En Etretat subimos hasta la Falaise Chapelle, desde donde unas vistas magníficas del pueblo y del Falaise d´Aval, el gran arco sobre el mar. Paseamos un poco hacia Fecamp para ver el más modesto Falaise d´Amont. Tras hora y pico de paseo por los acantilados nos asalta el hambre. Volvemos hasta una zona de picnic en Latilleul a comernos unos espaguetis después de habernos zampado una lata de paté. Volvemos a Etretat con la intención de ver otro arco, el Mannepate. Ixo se queda descansando en la furgo. Yo subo por un camino a través del bosque y me topo con un maldito campo de golf. El campo se alarga por la costa y después de andar un buen rato desisto de tratar de rodearlo. Cansado y de mal humor, malditos campos de golf, vuelvo a la furgoneta. Llegamos a Fecamp, que resulta ser un tanto ‘fecal’, y que será el punto más al norte del viaje. El único interés que le veo es el de recordar a los pueblos ingleses con sus hileras de calles con casas de doble piso hechas con ladrillo.

En Rouen aparcamos cerca de la catedral. Vemos el interior de esta catedral que muestra una expo de su proceso de restauración tras la guerra. Lo más impactante para mí es ver cómo la metralla de las bombas se quedó incrustada en las piedras de las columnas, los muros, y en cualquier sitio las veré toda la tarde. Es un poco tarde y las tiendas ya han cerrado. Aun así las calles están animadas y hay muchas terrazas. En la plaza de Juana de Arco nos tenemos que cubrir unos minutos de un pasajero chaparrón. Callejeamos y buscamos un restaurante. Nos decidimos por uno que tiene encanto, aunque un poco caro, pero ya está completo. Al final cenamos en un McDonalds, hay que joderse.

Ya de noche y tras pensar si ir o no ir a París a pasar un día, estamos a menos de una hora, llegamos hasta Chartres y a dormir.

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Chartres, Orleans.

Tras aparcar callejeamos por el centro, que tiene una animada vida comercial a estas horas. Hay una curiosa instalación de conejos gigantes de colores en una plaza, al parecer del llamado Cracking art Group. El mercado cubierto de ‘legumes’ cercano a la catedral y rodeado de bares y cafeterías es una auténtica gozada. Los olores de los puestos, con miles de quesos, te hacen salivar como a Carpanta.

Visitamos la catedral que es impresionante por sus dimensiones y por sus vidrieras de potente azul.

Pagamos 2,7 € por una visita guiada por la cripta que, al ser en francés, nos deja fríos. Volvemos a la catedral a verla con más detalle y a hacer fotos. Ixo se va a comer un pincho y yo subo a la torre norte, 7 €. Una larguísima escalera de caracol permite acceder a amplias vistas sobre la catedral y el pueblo.

Cuando estoy subiendo las campanas suenan y hacen que el sonido lo llene todo. He quedado con Ixo en el mercado, donde compramos pollo asado, tomates y una gran alcachofa, que comeremos en un airé antes de llegar a Orleans.

En Orleans aparcamos también cerca de la catedral donde la chavalería baila break dance y hip hop y hay muchos skaters. También es un catedralón por sus dimensiones. Paseamos por el animado casco viejo. Todavía es pronto, las tiendas están abiertas y la gente va y viene y descansa en las terrazas a tomar un pastis, un kir, un café o una caña. Es lo que hacemos nosotros. Seguimos el paseo por la parte del siglo XIX, también comercial, la plaza donde hay una escultura de Juana de Arco, importante para Orleans.

Tras un descansito más buscamos un sitio para cenar. Hay muchos restaurantes, bistros y crepperias. Y tras mirar varios nos quedamos con uno que tiene una agradable y tranquila plaza frente a una iglesia circular evangélica. Menú de 21 €. Entrantes pimientos rellenos y queso de cabra en tostadas, luego un par de confit de canard y de postre un pastel de chocolate y una copa de helado de chocolate, vainilla y crema. Tenemos que dar un paseo para bajar la cena, Ixo está a punto de reventar con el embarazo. Cogemos más tarde la autopista y dormimos en un airé camino a Blois.

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Chambord, Poitiers, Bilbao.

Sin desviarnos mucho de la A10 que nos llevará a Burdeos vamos a visitar el Castillo de Chambord. De camino bordeamos el Loira por una carreterita que se convertirá en pista, que se convertirá en caminucho repleto de baches y saltos, divertido porque dura el tiempo justo.

La visita al castillo, 9,50 €, nos lleva toda la mañana, hasta la 1. Una sala con un audiovisual instruye sobre la historia y arquitectura del castillo, capricho poco usado por Francisco I, que asistió a Leonardo da Vinci en su lecho de muerte. La visita es larga, son muchas habitaciones, salas, escaleras con todo tipo de decoraciones e historias de los que habitan el castillo desde el siglo XVI. Parece que este castillo es uno de los más representativos del valle del Loira, por lo que me doy por satisfecho con ver solamente este.

Al salir del parque natural que contiene el castillo encontramos una zona de picnic en la entrada de Monttivault donde comemos tan ricamente.

Seguimos camino y paramos en Poitiers que, como esperábamos, está muerta un domingo por la tarde. Aun así paseamos por sus solitarias calles y nos gusta su vieja iglesia de Notre Dame.

Decidimos bajar hasta Burdeos por la N10 en vez de por la A10 y ahorrarnos la autopista. Al llegar a Burdeos cenamos en un airé con la puesta de sol. Sobre las 12:30 ya estamos en Bilbao.

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